Parte I.-
Marinée – Maruja.
La casona era el fiel retrato de los que la habitaban. Tenía un refinado estilo. Sus pisos de marmol con baldosas blancas y negras en damero y pasando la cancel de inmensas proporciones, con sus cristales esmerilados , dibujando flores, llegabas al mágico momento de entrar al patio con claroya de vitreaux y presidiéndola la fuente de pristino blanco. En el centro un ángel regordete sostenía entre sus manos un pez y de ahí el agua surgía cayendo hasta colmar la batea cilíndrica, que contenía peces de colores. La llamaban la fuente del ángel, porque decían que en esa familia todos ellos, se habían sentidos protegidos por él. La señora. de la casa decía que era el ángel de la guarda.. Se había mandado a hacer a Italia. Por un inconveniente surgido en el puerto, una de las alas se quebró, y un marmolero de la ciudad, como pudo quitó las dos alas y quedó el ángel como un niño asexuado y gordo. No era que fuera algo extraño, sino que parecía más el signo de la abundancia, sobre todos los conceptos de esa época. Con posterioridad, cuando habían fallecido los dueños, lo herederos la donaron al estado. Hoy se encuentra en una plaza de la ciudad.
Una hermosa familia de la burguesía intelectual y política . Él era abogado y había sido ministro de Educación y Cultura. Ella era hija del primer Procurador que tuvo la ciudad. La de ella trajo aparejada que fuera unas de las familias más adineradas de la época y en base al don de gente, y a la fortuna que lograron hacer , sus hijos se fueran casando con prestigiosas personalidades .
Ninguna de las dos familias eran patricias, pero lo parecían.
Era la mayor de tres hermanos.
Las dos menores eran mellizas, y a raíz del mal parto que tuvo la madre, quedó ahí la descendencia. Le decían Maruja , pero se llamaba María Angélica. Tal vez fuera un nombre muy largo para decir, llamándola en esa casa inmensa con un sector en dos plantas, dando a otra calle. En el último tramo vivía la servidumbre de la casona, que aunque no era numerosa era sumamente trabajadora y dispuesta. Era un mezcla de españolas y alguna muchacha del interior, la que hacían el servicio de mucamas y cocineras. Había una lavandera que retiraba la ropa dos veces por semana , costurera a domicilio , niñera para las dos niñas chicas, chofer y secretario particular para el dueño de casa.
Marinette, era francesa. Hablaba correctamente el español, teniendo algunos dichos como decirle » Cheri «, al señor de la casa, como al jardinero, o al chofer. Para Marinette, todos eran » Cheri » . Era querida y respetada en extremo. Conocedora de historias graciosas casi todas y algunas picantes. Lo bueno era que narraba de una manera tan amena, sin decir de dónde era que las sacaba, y algunas las dejaba para el otro martes, y así era esperada muchas veces por alguna mucama con el » cómo sigue «. Era digamos el ponerse al día con inventos o realidades en un trabajo oral, buenísimo. Su labor era en varias casas de las más pudientes de la sociedad y tenía ocupada toda la semana Llegó a ser imprescindible en la familia, concurría todos los martes desde hacía más de nueve años. Cosía, remendaba, ajustaba, y confeccionaba hermosos trajes para las mujeres y niñas. Iba temprano en la mañana, y se marchaba tarde en la noche. Muchas veces la tuvo que llevar el chofer, porque se marchaba con algún traje o enagua sin terminar. Iba a trabajar con una hija de la edad de Maruja que se llamaba Nenette. La jovencita, estaba pegada las faldas de su madre, y a la edad de once años ya sabía surfilar y zurcir. Desde tan pequeña fué enseñada a contestar si le hablaban, y a callar casi siempre. Annete y Maruja, se hicieron camaradas en pequeñas cosas, como trenzar cintas de colores, figurando collares, o en ir sacando piedras de trajes bordados, para hacerse anillos, o con tules y volados fantasear, a ser grandes..
Todo ese andamiaje de la sociedad, basado en muchos prejuicios, en el ocultamiento desde lo más importante a lo más trivial, hizo de Maruja una jovencita lejana a todo. La instrucción que recibió en la casa dictada por una maestra y reforzada por su madre, hicieron que no conociera el juego en grupo, la competencia, el arrebato. Podría decirse que a la única que se atreveía a contarle sus dudas era a Marinette. Muchas veces una risa, un abrazo al llegar o simplemente el decir una mala palabra y decirla como al desgano obran milagros. Aleja la soledad. La manda a jugar a dar vueltas alrededor de la fuente. La palabra mágica , la contraseña era Merde.. Cuando cosía y se pinchaba, o cuando cualquier costura no salía como ella pretendía, o cuando el pedal de la máquina de coser perdía la correa..Todo era » Cheri » » Merde » o Pèche . Uno repite muchas veces lo que la memoria no permite olvidar.
Cuando tenía doce años su figura se empezó a alargar , la cintura se estrechó , sus pechos a crecer como botones, su pelo se hizo más pegado a su cara y fué el marco adolescente perfecto, aunaba una belleza pálida de ojos color avellana claro y formó en todo una figura extremadamente atrayente para la época. Tenía marco de plata labrada, de esos que tienen un lazo al comenzar su óvalo.
Cuando Marineé le estaba tomando las medidas para hacerle un camisolín, no le pasó desapercibido ése cambio. Y a las risas y como en broma le dijo – «Oh mamelón.. » » Maruja enrojeció, no sabía la palabra, pero conocía su cuerpo..y le cortó la conversación, dejando que el centímetro se resbalara, entrando la cintura al límite de casi no respirar.
-Mamelón, pezón, es igual, y no es pêche..
Nadie se podía enojar con ella, era tan conocedora de todo..y la risa de Nenette decía el resto. Era fiel alumna de su madre.
En las pruebas siguientes Marinée se encargó de explicarle que..» los senos crecían hasta llegar a ser grandes y hermosos..y que cuando fueran grandes del tamaño de la palma de una mano, alguien ..en algún momento ..alguien que la quisiera mucho los acariciaría y que sería hermoso, como sentir seda sobre seda, con una rosa bordada en el medio.. » Y no es pêche..»
– Cómo los de mamá ? Preguntó Maruja..y Marinée hizo un gesto como diciendo mejor…mucho mejor..
En esa etapa en que los juegos de niños se mezclan con despertares de adolescentes, los momentos se entemezclan y pasan del pudor extremo con la espalda encorvada, hasta sentarse de cualquier manera, viéndosele la enagua y el correcto doctor , y padre hacerle ver lo importante !!. – «Las niñas al sentarse juntan las piernas. – Las niñas no corren detrás de la servidumbre. – Las niñas no gritan..para eso y para llamar están las campanillas. – Las niñas no andan descalzas..»
La tardecita era calurosa, época propicia para el paseo. El padre y la madre la invitaron a ir hasta el Prado, a la Quinta de Benzo, ahí podría jugar con las hijas de sus padrino, y con las amigas de ellas. Maruja dijo que estaba cansada. Los padres la miraron y la vieron tan pálida que le preguntaron si sentía bien , pero al decirle que solamente estaba cansada partieron ellos con las mellizas.
– Su madre al irse le dijo..- » Espero que estés cansada, que no sea una excusa para quedarte charlando y escuchando los estúpidos cuentos de Marinée..No le vayas ahora a decir que yo comenté eso…!! »
Maruja de verdad se sentía muy cansada, tanto que se tiró en la cama sobre la colcha , con los zapatos puestos, y las enaguas al aire. Fué cuando sintió, un líquido caliente, que le llenó el calzón, la manchó, despavorida vió, una sustancia amarronada , que la obligó a quitarselo y las enaguas volaron por el aire .
Una mancha roja cayó al piso. Quedó redonda, inmensa y el miedo se apoderó de la niña, que salió corriendo, con la falda remangada, hacia lo alto, hacia su refugio, a los brazos abiertos de Marinée.
– » Estoy enferma…muy enferma..» . los gritos llenaron la pieza y corrieron las mucamas pero solamente como formando un rollito entre los adorados brazos pudo ir serenándose.
Las siguientes horas fueron las clases magistrales que recibió una niña de una mujer conocedora de las cosas de la vida y del sentir de los demás. Desde lo común que era en una mujer perder sangre todos los meses y lo que significaba no perder la sangre. Desde la protección que se debían poner en esos momentos , hecha de toallas y cinturones con hojales. La niña pasó, del miedo al asombro, hasta los límites de la repugnancia, pero se fué calmando. Esos ojos marrones parecían más serenos que nunca. Le habló de la relación que existe entre un hombre y una mujer. Del amor, de un amor hecho poesía, no un amor de pecado, de un amor común, hermoso, compartido.
Marinée decía que,- » el gran amor es como un gran edredón, confeccionado con plumas de ganso, las más selectas y finas, el duvet, las que más abrigan. Un buen edredón en el centro mismo lleva más cantidad, para que abrigue parejo, y no se vayan las plumas por las costuras a los extremos dejando frío el centro . El centro ..» Cheri «. Son como los mamelones..esos que crecen todos los días.
Cuando llegaron los padres, las primeras en contarle fueron las mucamas, y estaban tan azoradas, porque algunas de ellas no conocían ni entendían de cerca las razones de la francesa, tanto que dudaban de que fuera cierto lo del abrigo y los mamelones, pero eso se lo callaron, era mejor no decir tanto. Así que entraron los padres sonrientes con las mellizas, y cómo gran saludo le dijeron
– Querida estamos muy contentos eres ya una señorita…una señorita…!!
Maruja se levantó , y dejó su alta figura frente a sus padres y a su madre con los brazos abiertos para un abrazo. No fué la niña encorvada de los últimos tiempos, estaba someramente vestida con un pequeño camisolín, y por arriba su blanco y transparente vestido de gasa, con los entredós de encaje. Parecía de mármol, en su desnudez .
Con arrogancia y estirpe, como un eximio orador les dijo desafiante, en un verdadero desacato para la época.
» – Ahora soy una señorita…y cuando alguién me quiera, me quiera mucho.. me voy a casar y no me va a venir más la sangre, porque voy a ser una señora como mamá y voy a tener niños..»
Marinée, tuvo que despedirse de la familia, todos lamentaron mucho su partida. El doctor le dió un dinero extra tan importante que hizo lo imposible » dejó muda a Marinée » y la recomendó a un colega con hijos mayores , sin adolescentes para dar lecciones. La dejó por un largo tiempo sin interpretraciones.